30. Keira
El ruido de la puerta principal me despierta.
—Keira, levanta. No dejaré que te hundas en un mar de lágrimas —comenta mi amigo mientras retira la colcha con la que me tapaba hasta la cabeza.
—Déjame dormir un poco más Enzo —cojo la otra almohada y la coloco sobre mi cabeza—. Solo un poco.
—Vienes de visita a Nueva York y no piensas conocerla.
—En otra ocasión será.
—Anda Keira levántate ya —me quita la almohada y comienza a darme con ella. Algo que hacíamos en la prepa.
—Enzo ya no eres un ni