XVII.
Después de un viaje en el que Miles se mantuvo maldiciendo y recordándome el imán para problemas que era, llegamos al piso. Me ayudó a salir del coche, esta vez caminé por mí misma y entré en el ascensor.
—Tengo cremas idóneas para este tipo de golpes, creo que deberías echártelas —pronunció Miles cuando salimos del ascensor y mientras mi ceño se mantenía fruncido debido al dolor que aún sentía, asentí con la cabeza y caminamos hasta su puerta. Entramos en su apartamento y encendió la luz a la