Por fin logramos sentarnos en una de las piedras que están bordeando el río, estamos algo alejados del sonido de la fiesta pero desde aquí tenemos una vista perfecta de los chicos. Enciendo la cámara y me pongo a grabar todo, tratando de desconectarme de lo que hay a mi alrededor, o más específicamente de él a mi lado siendo un idiota.
Pasados dos minutos me doy cuenta que es imposible, su silencio solo hace que mi irritación aumente.
―¿Te pasa algo? ―pregunto en un intento de hacerlo hablar―.