El Reino de Irim

Ryo

—¡Es una locura! Su majestad, no puede estar hablando en serio. — Protestó Núm, levantándose de la posición de loto en la que se encontraba. Llevaba aquel vestido morado como su sangre, con las dos espadas bordadas en hilo de plata en el pecho. En su cabello entre cano, el pequeño sombero cuadrado negro, sujetado por una hebilla metálica, la indicaba como el Faro del palacio. Además de ser la Guardiana del Rey, Núm se había consagrado como Faro; la guía espiritual; algo inusual, ya que nunca un sacerdote del palacio, era el mismo que el Guardián consejero del Rey, aunque no había un texto sagrado que lo prohibiera. En el pelo de la anciana, gigantes trenzas se enroscaban unas con otras, formando una especie de corona; de ella colgaban pequeñas cadenas que se sujetaban por aros agarrados a porciones de las trenzas. 

Habían pasado cinco días de aquel extraño acontecimiento, y mi Guardiana, había mantenido estricto ayuno aclamando oraciones a los Dioses, tan solo había salido del templo del palacio, para asuntos protocolares y obligatorios. Contrario a lo que Núm pensaba, yo no estaba dispuesto a ceder mi idea.

—Creo que es nuestra mejor oportunidad, las leyes en los textos sagrados son claras respecto a eso—. Dije, rememorando las clases de política y las reuniones con la corte. 

"Cualquier sangre negra que se alce como soberano sobre, las vastas tierras de Irim, tendrá el poder por sobre las otras sangres sin importar tierras, linaje, y poderes". —Dije citando la ley número cincuenta y seis, que dejaba a cualquier sangre negra, coronado como rey, irónicamente, mi derecho no era solo por sangre, si no por herencia, en cualquier destino, yo ocupaba este cargo.

— Lo se. — Dijo Núm molesta, mientras se acercaba a la biblioteca gigante, que separaba los pequeños espacios privados de rezo, de los altares para rendir tributo.

No conforme, continue demostrando mi punto.

—”Si la sangre centelleante se uniera en carne y espíritu con la negra…”— Le dije esperando ver su reacción.  La anciana se detuvo casi en una derrota, adivinando mis intenciones, y  pronunció lo que dijimos al unísono: 

"El producto de aquella unión, traerá de vuelta la sangre de los Primeros Hijos, ascendientes nuestros y descendientes del dios Zenrei, hijo de la Luz Madre".—

Las Canciones de los Primeros Hijos (considerados semidioses)  relataban como Zenrei, uno de los diez hijos de la Luz Madre, había bajado al plano terrenal para crear a los Primeros Hijos. Estos, se habían dispersado por la tierra, dando así lugar a lo que hoy conocemos y somos: en las costas de Meelar, los Primeros Hijos habían dado descendencia azul. Los azules adquirieron la influencia sobre el mar, los cielos y los vientos. Con cabellos y ojos blancos, su  belleza es como un don. Poseían la habilidad para los números y la ciencia. 

Sobre las montañas de Aleem, los sangre violeta habian visto la luz, con poderes sobre los metales, habilidosos en la guerra y la ingeniería, fácilmente podrían reconocerse por sus cabellos negros y sus ojos temiblemente violáceos.

En los prados y las llanuras, (hoy terreno conocido como Llanura del Hijo Maldito), los verdes habían nacido, aunque sobre quienes eran antes de la maldición, poco se sabía, pues en la Gran Quema  (donde miles de textos habían sido destruidos) se había perdido importante y valiosa información, que luego fue completada al criterio de quienes tenían el poder en ese entonces, hace varias dinastías. Tenían el cabello castaño claro, o rubio, y este se les veía increíblemente dorado brillante en el sol.  La piel de los verdosos era  aceitunada, algunos podían llevar ojos color verde, aunque no era siempre así.

 Todo en cuanto a los ya extinguidos rojo centelleantes, provenientes de las tierras áridas y desérticas, desde el territorio de Imaples Rojos hasta el Cruce del Rojo, poco se sabía realmente. Aunque había muchas Canciones de los Primeros Hijos, los textos sagrados (que se basaban en las Canciones para hacer leyes, decretos y guías de forma de vida) escritos ya por el pueblo, estaban distorsionados y a conveniencia del poder de turno (como era costumbre). Lo que si era seguro, fue el suceso llamado “La caza centelleante”,  ocurrido hacía más de cien años, cuando los ancestros de mi padre, había mandado a matar  a los centelleantes, por una aparente visión del entonces Faro Espiritual del palacio. En aquella visión, supuestamente estos tomarían el reino a la fuerza, solo eso bastó para iniciar la masacre. Los rojos centelleantes dominaban el fuego, y absorbían la energía del sol. Se dice que los más poderosos, podían sacar bolas de energía que salían de sus manos, y explotaban como bombas, incendiándolo todo. Increíblemente seductores, con la habilidad de la palabra, pocas personas podían decirles que no. Sus ojos varían entre rojo y azul oscuro, tenían un indescriptible y vibrante rojo en sus cabellos, la mitad de ellos tenía los ojos rasgados. 

En cuanto a mi, el 46 avo sangre negra del que se tenía registro en la historia, bueno, eso era más complicado. Podría considerarme, como un absorbedor de la luz de cada persona y ser vivo, si así lo quisiera con solo un pensamiento; si, yo podía matar a quien quisiera, aunque eso tenía un precio: debilitaba mi propia luz. Dominio sobre todas las criaturas de la noche. Además de eso, el control de la luz (solar o eléctrica) con total libertad, desde quitarla de los ojos de alguien para que no pueda ver, o cernirla sobre el reino entero (aunque esto último se me hacía más difícil de creer, pues nunca intentaría semejante hazaña). Aún no se conocía la causa por la que habíamos de nacer los sangre negra, aunque en las Canciones, solo se refería a nosotros como: “apariciones especiales, en tiempos de angustia, para restaurar el equilibrio”.

Lo cual significaba que mi vida, se alargaba a razón de los problemas graves que había, luego se decía que desaparecíamos. Esto último no lo sabía, ya que el último sangre negra había existido hace más de cinco dinastías. Si esto era cierto, mis ojos solo verían caos hasta su cierre final.  No existía hoy día, una combinación de sangres que produzca a un sangre negra, el suceso era al azar, único y peculiar. Yo había sido siempre ese fenómeno, la gente no podía ver más allá de eso en mi, alabado, odiado, amado, temido. 

Núm me miraba afligida, impotente de hacer algo, solo se limitaba a mejorar el plan que yo tenía entre manos.

—Majestad, es muy arriesgado, si los ancestros de esa chica lograron cruzar  los abismos desconocidos del Bosque Negro  y encontraron una especie de portal, no sabemos que hay del otro lado.— Núm tenia un punto, cruzar el Bosque Negro, ya se hacia imposible para nostros. Pero encontrar personas capaces de adentrarse, sobrevivir, y encontrar una puerta a otro mundo, eso era de lo más descabellado. Sin duda, podían existir alimañas de todo tipo en aquel extraño y gris lugar. Viendo la reflexión en mi rostro, la Guardiana se entusiasmo en reforzar su punto.

—Como el nieto de su abuelo, causante de la extinción de su raza, ¡pedirán su cabeza! ¡y lo que es peor!— Dijo señalándome con el dedo, en un tono alterado. —¡Quizá ya sepan de usted y su plan! ¡Y estén viniendo a atacar!— Tuvo que tomar el aliento por unos segundos para calmarse.

Aunque su paranoia se me hacía graciosa, rememore con cuidado aquellas visiones, para estar seguro al detalle de todo lo que recordaba.

 —No, no es posible. — Argumente dirigiéndome hacia la entrada del templo —Según vi es la única sangre pura de su raza, no sentí otras luces ni vi mas de nuestra clase, solo gente extraña. Todas con un simple rojo en la sangre, sin centellas ni poderes, sus vidas dependen exclusivamente de sus órganos, no de su luz interior, porque no tienen...   Al menos no una tangible dentro del corazón, como nosotros. — Dije recordando cómo en vez de la vibración de miles de luces, sentía cientos de corazones latiendo, eso significaba que esa era su fuente principal de vida. 

—La chica no tiene la menor idea de quién es o de donde proviene, por lo que los dioses me han mostrado, creo…  que sus padres están muertos.—

Al decir esto la Guardiana me miró, como si le hubiera dado una idea, y  apresuró el paso hasta la entrada principal, pero se detuvo en el muro izquierdo donde un pequeño mueble, suspendido en la pared, dejaba entrever libros tras el vidrio verde.

—Quizá no estén muertos.— Murmuró en voz alta, y ante mi mirada de curiosidad, alzó su mano para que por una fuerza invisible, la gargantilla de su cuello se desprendiera gentilmente, hasta llegar a la palma de su mano en forma de llave.

 —No sabía que los metales pudieran memorizar una forma.— Dije casi avergonzado de mi ignorancia. Núm solo se limitó a asentir orgullosa, y metió la llave en la cerradura para sacar un empolvado libro de leyendas infantiles —¿De que nos servirá el libro que me leías de niño con esto? ¿Has estado señil últimamente?. — Aunque mi dicho había sido sarcástico, sabía perfectamente que mi Faro Espiritual, no daba un paso con el pie, sin un propósito.

Ella sonrió, ignorando mi comentario, y abrió el libro buscando rápidamente pagina por pagina. 

—Hay algo, una leyenda, si… aquí está.— Y detuvo su dedo a más de la mitad del pesado libro.

 —Es sobre el Bosque Negro, cuenta que mas allá de la parte inexplorada del bosque, hay un claro. Donde el tiempo pasa distinto, y una puerta hacia lo desconocido existe antes que los Primeros Hijos fueran creados. Pero no puedes cruzar si no has sentido el llamado de los Dioses, o en su defecto tienes la llave. — Levantó la mirada del libro y entendiendo a lo que quería llegar, la mire incentivando a seguir su relato. Satisfecha porque no descartara su punto, se apresuró a explicar.

—Quizá sus padres quedaron atrapados en ese claro, hasta que la chica oyó el llamado, eso explicaría porque a pesar de tantos años su sangre es totalmente pura y la única en ese mundo. —

Digiriendo aquellas palabras, mantuve el temple sereno y frío. Aunque la explicación, estaba viniendo de un cuento infantil, no más que una leyenda para dormir niños, era la única historia realista y concordable para explicar la existencia de la centelleante en el otro mundo, a cien años de la extinción de estos.

—¿Es posible?.—  Me limité a preguntar. Acercándome a ella, tomé el libro de sus manos. 

—No lo se su majestad, hasta hace unos días atrás, jamas hubiera creído que tras el Bosque Negro se encontraba otro mundo... pero ahora...— Agacho su mirada llena de preocupación. Antes de sobrecargar su cabeza, opte por dejar la preparación del plan, para más adelante, al menos unos días más, pues yo también necesitaba procesar lo que estaba pasando y lo que iba a pasar.

 —Comprendo, gracias por el servicio al cumplimiento de su rey, siga buscando, tan pronto como encuentre una manera de cruzar esa puerta, hágame saber. — Y antes de que pudiera darme el saludo protocolar, empuje las grandes puertas de madera, y salí a las afueras.

La fachada del templo era única, las paredes eran color oro, al igual que las columnas. El techo en enaguas irregulares negras, quedaba peculiarmente bien con la entrada, y escaleras de mármol blanco. En sus paredes, las historias más famosas estaban dibujadas en color negro, y recorrían cada espacio. Me arrojé trotando rápidamente sobre las escaleras, y puse el primer pie sobre el puente de madera, para cruzar hasta los jardines del palacio. Aquel puente estaba hecho sin barandales, solo un camino flotante, rodeado por un gran lago, con árboles de agua que dejaban caer sus pétalos blancos, alfombrando la superficie acuosa. Se suponía que quien cruzaba, debía librarse de malos pensamientos para llegar sereno (y sin caerse) hasta el templo. Pero ni los caminos, ni el paisaje ya conocido, podrían sacarme de mis pensamientos. Una conspiración de mis tíos se estaba forjando desde que había nacido, e incluso antes que eso. Ahora que mi padre no estaba, para mantener esta guerra silenciosa de poderes a raya, poco faltaba para que se tornara en una guerra real, devastando todo a su paso, y llevándose muchos inocentes en el camino. La unión de la centelleante conmigo, sería suficiente para derrotar estratégicamente, de manera política y económica al enemigo. Nunca se había visto a un sangre negra, en la unión más poderosa con un rojo centelleante. Antes de su exterminio, los rojo centelleantes eran la sangre más poderosa y dominante; aunque cabe destacar que en el trono, siempre se sentaban azules o violetas. El dominio de ella, y mío sobre la tierra, avalado por las Canciones y las leyes, más nuestros poderes físicos, junto con la promesa de una descendencia con sangre de los Primeros Hijos, de la traída de un mismísimo semidiós, haría que todos los que apoyaban la traición o habían contribuido, desistieran. Y sin manos en que apoyarse, mis tíos caerían. Aunque la idea de pasar mi vida con una desconocida, a la que jamás podría querer, me incomodaba. Cualquier sacrificio era pequeño por el bien de mi pueblo, sabía que si esto funcionaba, la unión debia ser permanente, a menos a ojos del reino.

 En tierra firme, diez personas de seguridad se encontraban de espaldas al templo, asegurando el paso. Nadie con armas, aunque fuera de la familia real, podía cruzar. Incluso en épocas de guerra se había respetado la línea del templo. Aquella edificación se encontraba desde los Primeros Hijos y el palacio, se había construido a su alrededor, haciéndolo parte de la propiedad. 

—Escolta, concluí mis oraciones y ofrendas, ¿la Princesa Ettie se encuentra lista?— Pregunte a nadie en particular, uno de los hombres extendió mi espada para entregármela, mientras la formación, se rompía, armando un paréntesis de personas tras de mí. 

—Se encuentra en el automóvil tres. — Respondió alguien, tras unos balbuceos por la pulsera comunicadora. Divisando el jardín rodeando el palacio, pude ver en las afueras muy a lo lejos, la camada de autos. Detestaba los viajes, el automóvil uno era solo para el rey, la reina, y sus hijos de hasta diez años, lo cual lo hacía muy solitario, ya que viajaba solo y eso me hacía pensar, en lo solo que debió sentirse mi padre, durante sus años de reinado sin mi madre. En el dos viajaban el/la heredero/a directo al trono y o prometidos o prometidas del futuro rey o reina. En el tres, príncipes y princesas. En el cuatro la Corte Real; y en el cinco, visitantes o personas de importancia si así se le requiriera. Cabe destacar que los escoltas siempre iban a la par, formando una muy incómoda y llamativa caravana. Al llegar a la puerta, luego de varias reverencias, se abrieron los grandes enrejados del palacio. Para dejar ver la puerta del largo auto que esperaba afuera, abierta.

— ¿A donde hoy Señor Lan?— Me senté en aquellos sillones de cuero negro, y apreté el botón blanco en una pared, para la conocida rutina, donde el licor de hiedra emergía hacia arriba de la mesilla ratona fijada al piso. 

—Que la Luz Madre ilumine hoy su camino, Rey Ryo. — Me dijo el hombre en el clásico saludo, propio de Irim — Conferencia del Pueblo majestad. — Respondió. 

 La cansada voz no apartaba la vista del camino, tome un vaso de la fina estantería de vidrio con barral blanco, y me serví un trago que tome de un solo sorbo. Estaba acostumbrado a beber buenos licores, por lo cual mi tolerancia era muy alta.

 Las Conferencias oficiales por año eran tres. Desde que mi padre había muerto, el pueblo había convocado cinco Conferencias, una por cada mes desde la muerte de mi padre. Ni siquiera mi sangre, era suficiente para apaciguar los rumores que mis tíos y su casta habían esparcido, a lo largo y a lo ancho de Irim. Cosas como que había matado a mi padre por codicia, la mala administración que sería mi Era, mis ideologías “liberales” como las de mi padre que se decían, eran peligrosas y podrían hacer extinguir a los sangre pura por las nupcias libres y la liberación de los verdes, o el temor que matara sin discreción por mi absoluto poder, se habían arraigado en el cerebro de la gente “Un azul debería estar en el trono” decían, aunque en teoría, yo era, o debía haber sido un azul. 

—¿Hace cuánto trabaja para mi familia Lan?— Me dirigí a la persona uniformada que conducía tranquila, pero seriamente por las calles atiborradas de gente, emocionadas de ver pasar la caravana. 

—Sesenta años y contando su majestad ,—Lo visualice por el retrovisor y pude notar que para sus noventa años se veía bien conservado, aunque algunas venas azules le resaltaban en la frente. Probablemente antes de cumplir los cien, se retiraría.

—Has servido bien Lan, y valoro por sobre todas las cosas, la eficiencia y lealtad de las personas. — Resumí, sin dejar entrever mucho mis intenciones. —Pide un aumento de cien lunas de plata en consejería, y siempre que quieras, puedes disponer de los sastres del palacio, para las vestiduras tuyas y de tu familia. Ah, en el ala dos de guardado y depósito del palacio, se encuentran varios muebles de lujo, puedes disponer de alguno si es de tu gusto. — Los ojos del señor Lan, se abrieron como platos, al punto que casi se le olvida frenar antes de dar con el otro auto que teníamos en las narices, esperaba que aquel gesto, rejuveneciera su labor, como decía mi padre "La plata siempre debe refrescar, a la lealtad del hombre honesto".

 Al oírse un sonido tintineante, la puerta izquierda se abrió, y varios flashes se abalanzaron sobre mí, varios guardias se cernían sobre las personas, algunos me apuntaban directo con cámaras, y otros hablaban con micrófonos prendidos a sus ropas, mientras miraban a círculos electrónicos que flotaban con distintos logos. Estas grabaciones, eran  transmitidas a centrales directas de programación, el Reino de Irim, tenía cinco. A mi encuentro, se unió Ettie, quien sonriente como siempre, se desenvolvía delicadamente ante el público. De una belleza sin igual con los cabellos blancos y los ojos violáceos, mi hermana era una sangre mixta de primera generación, esto quería decir que aun conservaba los rasgos sanguíneos de sus padres (el cabello blanco de los azules, por mi padre, y los ojos violetas por mi madre), aunque no concebía ningún poder de la sangre, y el color en sus venas se presentaba amarronado, su voz y  dulzura la hacían la favorita del pueblo. Aunque solo tenía diecisiete años y estaba pronta a cumplir dieciocho, ya tenía veinticinco pretendientes a matrimonio para cuando cumpliera veinte años; la edad en que se esperaba que las mujeres de la realeza se desposaran. Ettie sin importar que, tendría hijos de sangre completamente marrón, que irían adquiriendo cabellos castaños y ojos oscuros como Brann, a lo largo de las generaciones. Su descendencia sería mixta, por lo que no había presiones externas para que se casara con alguien de su misma familia (para conservar los poderes de la sangre) o alguien de la misma sangre para conservar el linaje. Por suerte, los poderes de un sangre de la noche, no dependian de que sus padres fueran parientes.

 —¿Por qué tardaste tanto?— Dije sin dejar de sonreír y saludar.

—Porque hablaba con alguien, no es mi culpa que tu seas el serio y solitario.— Enroscó su brazo con el mío, y ambos dimos marcha entre la multitud, caminando con el paso de un, dos, por la alfombra de bienvenida, hasta llegar a las escalinatas del Auditorio del Pueblo. Una enorme estatua del Rey Fundador de aquella edificación, era una de las columnas que sostenía la galería. En una mano, la estatua tenía la flor de la sabiduría, en el otro un cuerno que significaba la escucha. La otra columna era del ingeniero que la había construido, llevaba tallado el logo del puma de las montañas, propio de la casa Garhem y en las manos, un báculo sin piedra que simbolizaba que era un sangre pura pero sin don. Es decir, sus padres no pertenecían a la misma Casa, pero ambos eran sangre violeta. En las cimas de las largas escalinatas se encontraban los voceros de las distintas regiones, junto con los embajadores reales, entre ellos mi tío Aroon III, quien manejaba las costas. 

—Esto será divertido hermano. — Ettie, pellizcaba suavemente mi brazo, mientras ahogaba una risita. 

—No olvides tu deber como princesa, preguntaran seguramente por tus avances en el orfanato, tienes que recordar los estados...— Como era de costumbre ella me interrumpió.

—Mil ciento cincuenta niños, todavía bajo tutela del rey, cincuenta en el último mes, asignados a familias adoptivas, veinte de ellas familias nobles. Se espera reducir los abandonos, con refuerzos e incentivos a madres de bajos recursos, y abrir centros de ayuda en los pueblos pequeños secundarios al Valle de los Sauces..— hizo una micro pausa— Porque siempre tienes que ser tan aburrido. — Sonriendo para mis adentros, la acomode disimuladamente con el brazo para llegar al saludo de los Voceros y los Embajadores.

 Al extender los distintos saludos, pude sentir la luz  de cada persona, y me esforcé en sentir la intención en ella, aunque esto era difícil. Como un sangre de la noche, no solo concebía los dones de la sangre, sino que también había sido bendecido (o maldecido) por los dioses con el don de la Luz Madre. La luz en nuestro interior, que nos mantenía vivos, se volvía impura si había oscuridad en nuestras acciones, yo podía consumir esas vidas y acumularla en años de vida para mi,  o simplemente apagarla, cosa que muy pocos en el reino podían. Los niños que nacían bendecidos por la Luz Madre, eran totalmente azarosos y esto no tenía nada que ver con la sangre, ya que un verdoso o un mixto podía ser bendecido con el don, aun así estos niños eran llevados a un centro especializado con sus familias. Allí se les explicaba cómo utilizar sus poderes, sin lastimar a nadie (por ejemplo, reavivando la luz débil de un animal agonizante). El uso del don, estaba estrictamente regularizado por la ley en su uso, las personas con el don de Luz Madre eran estrictamente controladas por el resto de sus vidas, por el riesgo que conllevaba; la mayoría se volvía sanador. Aunque se rumoreaba que con algunos conjuros prohibidos, se podía adquirir a diferencia del don de la sangre. El don de la sangre era meramente por ser sangre pura, hijos de padres con  lazos familiares directos, a excepción de la sangre negra (primos en su mayoría, sobrinos y tíos, y algunos menos, hermanos). Del rumor, se decía que podía darte poderes de Luz Madre tras usar conjuros prohibidos,  y el enriquecimiento repentino de algunos templos, alrededor de los pueblos era algo a prestar atención. Sin mencionar la zona de Tierra Sagrada, aquí en la Ciudad de la Madre, allí las estatuas de oro, estaban siendo moneda corriente. 

Sabía por mi padre quienes eran totalmente leales y quienes no, y en cada estrechar de manos intentaba confirmar, que las lealtades que daba por sentadas se mantuvieran así. Al llegar al final, la mirada lasciva de Aroon se posó sobre mi hermana, y antes de que pudiera saludarle, me adelante para su mano primero. Aroon devolvió el saludo con la mirada tranquila, y luego de un apretón corto y frío, se inclinó en una reverencia como dictaba el protocolo, dejando ver la calvicie de su coronilla.

— Que la Luz Madre ilumine su camino Rey Ryo. Espero que guarde salud ahora. Todos nos encontrábamos preocupados por el posponer de su agenda, sea larga su Era. —  Apoye mi mano en su hombro, que aunque lucía amistoso ante los espectadores, esto  le impedía levantarse de la reverencia en la que se encontraba.

— Que la Luz Madre ilumine su camino Embajador Aroon, puede descansar tranquilo, mi salud seguirá por cien años más, y si no fuese así, tomaría las luces de aquellos que rigen en la maldad para extender mi reinado. — Ante la mirada de todos, suavice mi discurso.  —Como dicta  y me demanda la ley, claro está, por el bien del pueblo.— Ahora, los demás sonreían, satisfechos ante mi respuesta. Aroon quiso levantarse pero lo detuve. 

—Espero un informe detallado al finalizar la semana, sobre la utilización del préstamo que usted ha pedido a la corona, y como este ayudó a mejorar la calidad de vida de los lugareños de Meelar.— Y antes de que pudiera objetar, tome a Ettie y me dirigí a la entrada del auditorio, donde el Enunciante, vociferó sobre mi entrada por un altavoz:

“Rey Ryo Nicolai Clermont. 45 avo sangre negra. Rey Noche, hijo del Rey Mar, primero en su nombre, señor de criaturas nocturnas, favorecido del don de la Luz Madre, protector del Reino de Irim, hace su entrada, sea larga su Era”

Las personas de las gradas reverenciaban mi llegada. Cada uno contaba con  micrófonos en las mesas alargadas, que hacían de divisor entre grada y grada. Arriba a la izquierda, se encontraba el palco de los Embajadores Reales de cada región, estos eran enviados por nosotros desde la capital hacia las distintas regiones. En el centro, el Enunciante se encargaba de nombrar a cada persona que quisiera hablar. A la derecha, se encontraba el palco de los Voceros del Pueblo de cada lugar, a diferencia de los Embajadores, estos eran elegidos por las personas de su comunidad para representarlos en la  capital, Ciudad de la Madre, donde recidia el palacio,y el Auditorio del Pueblo entre otras cosas. Abajo en el palco intermedio, la Corte real tenía lugar, y en el centro, con cuatro tronos escalonados, se encontraba mi lugar. Arriba el trono de la noche lucia imponente, de terciopelo negro, adornado con ramas oscuras del Bosque Negro y metales  tallados, que asimilaban criaturas nocturnas; la cabeza de un cerbatal metálico con ornamenta de plata era el cabezal, en los descansos de las manos, dos cabezas de lobo de luna, se encontraban talladas a cada lado, miles de serpientes enroscadas armaban la base de mi trono. Me senté, y seguido, el resto de personas lo hizo. A mi izquierda se encontraba el de la futura reina, en la misma dirección, dos escalones abajo, Ettie tomaba su lugar, que se esperara un día fuera ocupado por mi descendencia. En un leve desnivel a mi derecha, se encontraba el trono del futuro príncipe o princesa heredera.

Trataba de visualizar cada rostro de los doscientos que había, cada uno de ellos representaba un rubro, una especialización, y por sobre todo, una demanda hacia mi.

—Habla Tómas de la casa de Franger, hijo de Grant ll, sangre pura sin el don de la sangre, representante del rubro de extracciones de metales extraños para armas y tecnología.—

El Enunciante acababa de nombrar a un sangre violeta, ingeniero. Probablemente un hijo heredero que fue puesto en uno de los rubros más importantes para el reino, para mantener al máximo el estatus, a pesar de no tener el don. A medida que el tiempo pasaba, no todos aceptaban desposar a un miembro de la familia, de por si las personas tenían dificultades para casarse con alguien de la misma sangre. Pertenecer a una Casa importante, suponía presiones y obligaciones tontas, que debías soportar. 

Por otra parte, las Canciones instaban a que nunca desaparecieran los poderes de la sangre, pues un dia necesitariamos de ellos. Así que el conteo de personas por año, era regulado para asegurar de que no bajase, he aquí, una de las cosas por las que mi padre había sido repudiado cuando declaró nupcias libres. 

— Su majestad, estoy aquí en pos de una demanda, le suplico escucharme. —  El regordete hombre acomodaba su capa nervioso. Enderezando en mi trono, tomé la pluma y anoté en la hoja de archivo los datos de aquel hombre, esperando el problema para escribirlo, tanto así como la resolución que le daría. Aunque esto lo hacía un secretario, me sentía inutil de no poder hacer mis propios papeles, así que era yo quien escribía.

—Consciente de mis palabras y mis deberes como rey, escucho tus demandas, Tómas de la casa Franger hijo de Grant ll. — Independientemente de lo que pasará después, ya sea que él me  insultara, o yo lo mandara a decapitación, todas las demandas debían empezar así, lo que tornaba las largas horas un poco monótonas. Últimamente las discusiones se acaloraban bastante, y era el temor y no el respeto la que los silenciaba, podía notarlo.

— Majestad, los impuestos por sobre la extracción de los minerales…— Un grito ahogado de la multitud se escuchó cuando las luces del recinto se apagaron.

 —¡Muerte al Rey Noche! — Se escuchó. Una voz juvenil se sentía cerca, a tan solo unos metros. Visualice tan pronto como pude todas las luces interiores que se encontraban allí. Al escuchar a Ettie gritar tras un ruido metálico, corrí a su encuentro, con mi luz amenazando apagarse, si algo le sucedía a ella

—¡Ettie!— Grite para que siguiera mi voz, sin pensarlo, apague de un chasquido la luz que se cernía sobre ella, y la jale del brazo. Al encenderse las luces, un chico sin vida con prendas polvorosas y de granja, yacía en el suelo con una espada en la mano. Fueron tan solo unos segundos, pero todo un escuadrón se había puesto sobre mí, rodeándome, y un escuadrón más pequeño rodeaba  a mi hermana. Quise tomar instintivamente a Ettie en brazos, pero fue Brann quien la tomó repentinamente entre sus brazos para cargarla hacia la seguridad del auto. Mi hermana lloraba desconsoladamente, mientras no podía dejar de ver al chico muerto en el suelo. Las personas eran dirigidas a las diferentes salidas, mientras sollozaban y algunas gritaban. «Asesino» Logré escuchar entre los dichos.

Rápidamente nos escoltaron a la salida trasera, con paso mecánico y perfectamente sincronizado. Brann estaba a la cabeza. Una vez fuera, note el sangrado azul amarronado en el brazo izquierdo, que manchaba toda la manga del vestido blanco  de mi hermana. Esto no hizo más que enloquecerme. La sangre negra, a veces se apoderaba de mí, y la oscuridad consumía completamente mis impulsos. Al ver a mi hermana herida, no luche contra ella y lo deje ser.

 —¡Quiero a todo el mundo cazando a los responsables de esto!—  Dije en una voz profunda y perturbadora. Los guardias miraban expectantes, indecisos de que hacer, esto solo me hizo enfurecer más

—¡AAAAHORA!— El grito parecía rajar la tierra, e instintivamente las personas en el lugar se postraron, en sus ojos la sorpresa y el miedo era evidente. El odio y la oscuridad salía de mis entrañas sin siquiera controlarlo, a veces temía de quien podía ser, pero en casos así había llegado a un consenso conmigo mismo, la ineptitud era algo imperdonable, tan imperdonable como la herida de mi hermana.

 —No voy a aguantar incompetentes ni mediocres señores.— Dije más calmado, aunque el tono se mantenía cínico. Cada persona se había levantado de la reverencia, para buscar cualquier acción inmediata que pudiera ser medianamente útil. Algunos pedían información por las pulseras micrófono, otros buscaban huellas, pero ninguno perdía la vista en mis ojos desorbitados. En el suelo, una bolita brillante captó mi atención; al recogerla pude ver un botón de camisa, de diamante rojo, propio de los que nadie más que mi tío Aroon usaba el día de hoy, y esta prueba inservible ante una corte, a mi forma de ver, puesta para provocar, solo me hizo enfurecer mucho más. Ettie se encontraba siendo atendida dentro del limusin, probablemente la herida había sido cerrada, la escuche sollozar, y eso estrujó mi corazón. Cuando me enojaba, las venas negras desde el cuello, brazo y rostros se volvian notorias e incluso podian sobresalir, mis ojos se volvian totalmente negros, sin dejar ningun espacio por enegrecer.

—¡Jamás deben acercarse con tanta facilidad a mi o a mi familia!— Al decir esto, todos volvieron inmediatamente a mi en posición.

— Redoblen seguridad, re diseñen distribución del personal, y protocolos de seguridad — El personal decía “Si, su majestad” al terminar cada orden totalmente incapaces de decir algo distinto, pero lo peor estaba por venir.

 —¡Cualquiera que haya sido responsable…! — Me relamí los labios, indeciso de lo que iba a pronunciar.

 —Será e-j-e-c-u-t-a-d-o— Las palabras, salían suaves y con énfasis, como si dijera “te quiero”, lo que hizo que sonara aún mucho más atemorizante. El efecto de ojos y venas negras hizo que una vez más, el personal se reverenciaba ante mi. 

—¡SI SU MAJESTAD!—Dijeron al unísono.

— Esto recién comienza. — Finalice, y antes de entrar en el auto dispuesto, rompí con la mano aquel diamante rojo, fingiendo que eran mi tíos, ahora más que nunca, confirmaba que la guerra ya se asomaba en el horizonte.

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo