Martes por la mañana:
Llevo casi 45 minutos esperando al famoso señor Khalid en la pista privada donde se supone que llegará y ya no sé qué hacer para no perder los nervios. Reviso mi ropa por millonésima vez y todo está en orden. Cabello y ropa en su lugar, maquillaje aún impecable, perfume bien… Reservaciones perdidas.
Este hombre ha tardado tanto en llegar que el apretado itinerario se está echando a perder y Ernesto me está bombardeando con mensajes a cada 20 segundos. Me llama y no me qued