Llego a casa cansada, avergonzada y medio deshidratada, pero, sobre todo, aliviada.
Cuando mi mano se separó de su cara y puede reflexionar un poquitito sobre mis acciones, sentí que sería el fin del mundo. Ernesto no me perdonaría jamás por haber perdido un contrato tan importante como este. Asmodai tiene razón al decir que quizá es el más lucrativo de mi vida y no quiero perder esa oportunidad.
Durante la comida hablamos muchísimo y me contó que Levi sí es su hermano, que tiene varios hermano