Mi mundo se vino abajo. Sentí cómo las lágrimas me llenaban los ojos mientras intentaba mantener la calma.
Miré hacia Christian, que estaba al teléfono, y él notó mi expresión. Colgó rápidamente y se acercó, la preocupación evidente en sus ojos.
—Max, voy a hablar con Christian e iré lo antes posible —logré decir, con la voz temblorosa—. Aguanta, ¿vale? Ya voy.
Colgué y me giré hacia Christian, dejando que las lágrimas finalmente escaparan.
—Ariel, ¿qué ha pasado? —preguntó él, con la voz carga