—¡Dime! —comenzó a elevar la voz.
No podía creer que lo haya dicho. Había imaginado el panorama muy diferente, quizás cuando hubiéramos limado algunas asperezas, quizás en la casa en privado y con tiempo de sobra para no saltarme ningún detalle. Pero ya me había metido en esta situación.
—¡Jacob! perdón que haya tardado, mi amiga no quería soltarme —dijo Juliett mientras agarraba mi brazo y saludaba a mi padre de manera discreta y sencilla.
—¡Estoy esperando! ¿Qué es esa absurda historia tuya