La Carta de Juan
El apartamento donde Aurora y Álvaro habían vivido tanto tiempo ya no era el mismo.
El juicio, la presión de la investigación y las complicaciones en su embarazo la habían obligado a mudarse temporalmente, alejándose de la turbulencia. Ahora vivía bajo estrictos cuidados, rodeada de personas que la protegían.
David Montero, su abogado, se había convertido en un guardián incondicional. Su asistente, el joven Andrés, que siempre lo llamaba “la pequeña criatura” con ternura, como