“Aníbal”. Entró ya que la puerta estaba media abierta, el hombre estaba mirando por la ventana parecía fuera de este mundo. “¿Aníbal?”.
El giro su rostro. “No quiero hablar”. No dejaba de pensar en la mujer del hospital, sus ojos eran hermosos y estaba seguro de que se conocían, aunque ella lo negara más sin embargo no podía recordar nada.
Ella se mordió el labio y le mencionó con voz baja. “Hay un hombre… se llama Carlos, quiere verte, dice que te conoce”.
Aníbal frunció el ceño. “¿Carlos?”.