—Buenos días señor Joe —contesto y coloco la taza con el café negro frente a él.
—¿Puedo darte un beso? —dice recargado en la barra y alzando el par de cejas pobladas.
—Por favor, no haga esto, por favor, no quiero problemas —alza sus manos y luego me dedica una de sus sonrisas.
—No te metería en aprietos Rose, no sé hasta cuando vas a entender eso.
—¿Quiere que le sirva el desayuno? —pregunto para acabar con este incómodo momento.
—Está bien —dice con mala cara mientras va y se sienta al co