Sin saber que hacer.
Él recorrió con su boca su cuello hasta llegar a su parte íntima, en donde saboreo los líquidos que de ella brotaban.
Todo iba bien hasta que en su mente llevo la imagen de Abigaíl, quien estaba exactamente en la habitación de al lado, Agustín se incorporó y se alejó de Susana. Su deseo y ganas se esfumaron, ahora en su mente estaba el asunto de Abigaíl.
— ¿Qué sucede? — preguntó Susana.
— Lo siento, es que tengo tantas cosas en la cabeza— se disculpó él.
— Dime que es, ¿En qué te puedo ayudar?