Mi felicidad.

Abigaíl sintió la noche, muy larga, no porque la haya pasado mal, sino porque deseaba que su gran día llegara.

La noche, fue realmente relajante, tomaron vino, mientras recibían masajes en los pies, cascarillas en el rostro y les arreglaban las uñas.

Abigaíl.

Me levanté realmente renovaba, eran cerca de las diez de la mañana, cuando por la puerta de la habitación que estaba usando, ingreso mi tía josefina, junto a Norma, mi madre y mi suegra.

Ella sonreía llenas de felicidad, mientras los nervios llegaban a mí, pues mi gran día había llegado.

—Es hora, es hora—decía Norma con una gran sonrisa— Ponte de pie, no hay tiempo que perder.

—Norma tiene razón hija—agrego mi madre.

—La boda es a las cinco de la tarde, no creen que es muy temprano— dije levantándome de la cama.

—Querida, se nota que nunca te has casado, el tiempo se pasa volando—mi tía Josefina me tomo de la mano y me llevo al cuarto de baño, en donde puso a llenar la tina—Si no nos damos prisa, nos cogerá la tarde—dijo.

—Si
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