Sacando todo el dolor.
Eduardo se detuvo enfrente de las grandes rejas de metal, que rodeaba la casa real, Abigaíl estaba ida, por lo que él, le hablo para decirle que ya habían llegado.
— Margaret— dijo— Hemos llegado.
Abigaíl diario su mirada hacia la gran casa, sus ojos estaban cargados de una profunda tristeza.
— Podrías esperarme, prometo no tardar— le pidió ella.
— Por supuesto ve tranquila— le contesto él.
Abigaíl, bajo del coche, sin ánimo, era la primera vez que caminaba hacia la casa, ya que normalmente ent