Era siete de enero y Zack se despertó con un sonoro golpeteo en su puerta, como ya le era costumbre.
Amaba a Lutxi, pero vaya que era una experta en molestar a la gente.
—¡Traigo el desayuno, profe! ¡Déjame entrar!
Él se levantó desganado. Se puso unos pantalones y fue a abrirle, extrañado de que le trajera el desayuno.
—¿Perdiste una apuesta y debes ser amable por un día o algo? —preguntó burlonamente luego de abrirle.
—Muy gracioso. —Dejó la bandeja en la mesilla y acto seguido se lanzó a abr