Después de seguir hablando por un momento, Zoe bajó del segundo piso, gritando que estaba aburrida.
—¡Tía Amanda! —Al ver a la otra mujer adulta, corrió a darle un abrazo.
—¿Le han dicho la verdad? —preguntó Amanda con nerviosismo mientras abrazaba a la pequeña.
—¿La verdad de qué? —La niñita miró alegremente a su mamá.
Moira miró a Lutxi, que tragó saliva.
—Dile… Si quieres. —Cruzó los brazos y les dio la espalda.
Moira sonrió suavemente, tomando en brazos a su hijita menor y sentándola en su