Yelena
Seguí al demonio rubio por el pasillo hasta llegar a su despacho.Entramos y él tomó asiento en el sillón de su escritorio con su cara seria.
El lugar me pareció mucho más grande que cuando entré la otra vez o quizás era yo la que se sentía más pequeña.
Por mi mente empezaron a pasar imágenes de los castigos a los que me había sometido Frank e inconscientemente empecé a temblar.
¡Maldición! Tenía que controlarme.
Otra de las cosas que había aprendido con mi padrastro era que si llora