—Papá —gritó Francine una vez más, sin importarle mucho sus modales en ese momento. El alivió inundaba su cuerpo, había convencido a Lucien con facilidad o se había estado tratando de convencerse a si misma.
A los pocos minutos de la entrada de Francine, llegaron Lucien y Adne. Lucien estaba claramente agitado, no podía decir ni una sola palabra debido a su respiración entrecortada.
El ruido zumbaba en sus oídos, su visión se empañaba y su corazón empezaba a latir con más velocidad al ver a su