Lucien había perdido demasiada sangre, estaba pálido como una hoja de papel y su respiración se iba entrecortando, pero seguía aferrándose a la consciencia negándose a caer. Levantó sus manos con toda la fuerza que le quedaba para conjurar el hechizo de las bolas de fuego.
~Et devorabit omnia in vestri semita, flos phoenix~
El hechizo fue dicho impecablemente, pero como era de esperarse, fallo.
~Et devorabit omnia in vestri semita, flos phoenix~
Lo intentó una vez más, pero obtuvo el mismo resu