Mundo ficciónIniciar sesiónLa cena en casa de Daniela, llegó a su término el Luis Enrique, se despidió de las damas y se dirigió hasta su habitación, su esposa lo acompañó para darle las medicinas que debía tomar en las noches.
Rosario se quedó en la sala contemplando el Botero, que colgaba en una de las paredes, cuando la voz de Daniela, la sobresaltó.
—No quise asustarla —se disculpó la joven—. Siéntese Rosario, por favor.
La señora hizo caso, se sentó en uno de los sillones.
—Rosario,
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