Victor estaba de pie en su oficina, viendo una y otra vez las noticias sobre el colapso nervioso de Scarlett frente al centro médico. Las imágenes la mostraban tambaleándose entre la multitud de periodistas, hiperventilando, con aspecto completamente destrozado.
Debería haberse sentido triunfante. En cambio, sentía una incómoda punzada en el estómago.
—Apágalo —le dijo a su asistente.
—¿Señor?
—Apaga la televisión. Ya he visto suficiente.
Sonó su teléfono: otra llamada de felicitación de un soc