Rareza... ¿o no?
Pasos, pasos ligeros se escuchaban por el pasillo; debían ser de mujer, no solo por su ligereza, sino por su gracia. El sonido de los tacones chocando contra el suelo a un ritmo constante, retumbaba por el lugar gracias al entero silencio; cualquiera habría escuchado tal ruido, pero no había nadie, no había oídos para escuchar, ni pacíficas existencias que pertubar.
La casa nunca había estado tan sola, siempre había alguien ahí; pero en aquella ocasión, ella, se había encargado de que todos se