Cómo cada mañana el correo llegó a la puerta de los Gardner. Entre todo aquel papeleo, no solo se podían encontrar cartas dirigidas a Joseph o a la señora Gardner, sino también una dirigida a Miranda.
Usualmente era Rose quien recogía y entregaba el correo, algo que resultaba bastante cómodo para toda la familia, ya que ella nunca cuestionaba la correspondencia ni espiaba entre las cortinas. Pero aquella mañana, por azares del destino, no fue Rose quien recogía las cartas, sino Victoria.
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