Capítulo 30. Confesiones inesperadas
―¡No! No habrá divorcio, ni pensarlo. Quédate en esta habitación si es tan importante para ti.
―¿Cuánto tiempo crees que podemos seguir así, Aristo?
Aristo pasó las manos por su cara en un gesto de cansancio.
―No lo sé ―respondió con tristeza ―Lo único que tengo claro en mi vida es que no quiero dejarte ir. También que las niñas deberían criarse aquí, somos familia y esta es parte de su herencia. Te pido que mes des un poco más de tiempo, por favor.
―Te daré otra oportunidad, pero no será e