Debido al calor extremo, el cadáver estaba ya llevado de la descomposición, solo quedaban abiertos un par de ojos, grandes, testigos del horro e incapaces de cerrarse.
Como ya estaba en estado de descomposición los gusanos blancos abundaban. Por eso abrir la puerta del auto, se despertaron las moscas posadas sobre el cadáver, llenando el aire con su zumbido incesante de su revolotear.
—¡Que porquería huele!
Varios empleados corrieron a un lado y le dieron ganas de vomitar, incapaces de mirar tal