A la mañana siguiente Vlad llegó a verlos. Estaba preocupado por lo sucedido con Blaire, su familia, le había causado muchos dolores y penas. Justina, Radu, ambos creyéndose con el derecho de herirla. Al llegar notó que la siempre explosiva ratoncilla, estaba cabizbaja y ni siquiera lo miraba.
—Blaire, ¿charlarías conmigo por favor?
—Claro.
Avanzaron al jardín y Vlad se sentó con ella en una hermosa banca de madera, que asemejaba a la misma banca que Emi tenía con Korvoz en su casa.
—Debo discu