Algunas horas después mientras comía un cuenco de cereal con leche—de verdad que su compañero había abastecido bien todo— revisaba su correo electrónico. No solo tenía varios encargos nuevos, una mujer de la que no quiso saber nada la estaba contactando.
Cariño, te extraño. Lamento mucho haberte tirado a la calle. Se dice que eres ahora inmortal y me preguntaba si podrías ayudarme a serlo también. Me hago vieja querida, no soporto verme así. Podemos trabajar en una relación, llevarnos bien y sa