Miguel siguió caminando, poniendo un pie delante del otro. Él hizo promesa asi mismo mientras caminaba con dificultad a través de los bosques, que desde que regresara a casa se mimaria un poco en uno de esos grandes centros de masaje para mimar todo su cuerpo. Tan centrado estaba que casi choca con Valentino que se habia detenido, se detuvo y alzó la vista, aspirando su aliento cuando vio el valle iluminado por la caida del sol debajo de él.
Las montañas rodeaban el valle en todas direcciones