Capítulo 40: Huida en la mañana
Un sonido seco al otro lado de la puerta de aquella oficina fue lo que rompió la calma que mantenía aquel lugar. No fue fuerte, apenas el eco lejano de algo cayendo en el pasillo, pero eso bastó para que Artemis abriera los ojos lentamente para poder adaptarse a la luz. Durante unos segundos este permaneció inmóvil y la luz del amanecer entraba por los grandes ventanales de la oficina tiñendo el lugar con un tono dorado pálido. El aire aún conservaba el olor mezc