Capítulo 58 — Una noche diferente
Nerina terminó de acomodar a los niños en sus camas y el silencio de la casa era casi absoluto, solo interrumpido por el lejano tic-tac del reloj en la sala. Estaba agotada, no solo por el ajetreo del día, sino por la tensión acumulada tras todo lo que había sucedido con la prensa y los conflictos que habían generado Helena, Irene y la madre de Artemis. Cada pensamiento la dejaba con un nudo en el estómago, pero al mismo tiempo con una satisfacción silenciosa: