Por Kelly
El contador comenzó a enumerar todas las empresas de las que éramos dueños.
Yo estaba asombrada, había marcas muy conocidas que yo no sabía que esas empresas me pertenecían.
El campo era mucho más grande de lo que pensaba, o a lo mejor fueron comprando campos vecinos.
Nuevamente me sentí destituida.
El escribano estaba allí para dar fé sobre la veracidad de las cláusulas que los difuntos habían dispuesto.
-Llegó la hora, tengo dos cartas, una para cada uno de ustedes, escritas de puño