CAPÍTULO 77. URGENCIA
Alexander corrió detrás de ella, por el pasillo, hasta que llegaron a las escaleras y la alcanzó.
— ¡Detente! —exclamó con la voz agitada. Estiró sus manos y la sujetó por su antebrazo—, no huyas de mí —suplicó—, no soy tu enemigo. Soy el hombre que más te ama y daría su vida para cambiar el dolor que sientes.
Madison se estremeció al escucharlo.
—Lo lamento —susurró con voz ahogada por el llanto—, estoy asustada —explicó.
Alexander la tomó entre sus brazos y subió hacia la alcoba con ella.
—No