El audio llega a las nueve de la mañana.
Cuatro minutos y veintidós segundos. Valentina.
Irina lo ve en la pantalla del celular mientras Nadia reparte la agenda de la reunión de las nueve y media. Lo guarda para después. Cuatro minutos de Valentina en el área técnica, entre Torres y Mateo y el director de logística, es el equivalente a leer un expediente judicial en voz alta en el metro.
Puede esperar.
Lo que no puede hacer es no pensar en que existe, en que tiene cuatro minutos y veintidós seg