Son las 7 AM y el celular suena.
Mamá.
Irina lo mira tres segundos. Fuera de la pantalla: el hotel, la luz gris de la mañana, el café que todavía no terminó. Dentro de la pantalla: la palabra más corta con el campo gravitacional más largo que conoce.
Lo atiende porque a veces hay que hacerlo.
—Irina. Finalmente.
—Buenos días, mamá.
—¿Sabes lo que pasó?
No lo sabe. No porque no le importe, sino porque la pregunta de su madre siempre tiene esa forma: lo que pasó, sin contexto previo, asumiendo qu