El ascensor abre en el piso 38 a las siete y dos minutos de la mañana.
Irina sale con la mochila al hombro. La recepcionista del piso levanta la vista y la saluda por nombre con el mismo tono de todos los lunes. El pasillo tiene la luz de siempre. El área técnica huele al café que Mateo ya preparó porque Mateo siempre llega antes que ella aunque nunca lo mencione.
Todo igual.
Excepto que nada lo es.
Mateo le pone el café descafeinado en el borde izquierdo del escritorio antes de que Irina saque