Son las diez y cuarto de la noche.
Irina tiene la laptop sobre las piernas, el celular boca arriba en la almohada y la grieta del techo exactamente donde siempre. La habitación 308 no ha cambiado. Es el único lugar en esta ciudad donde todo sigue en el mismo sitio.
Revisa el feed de noticias corporativas. Es el protocolo de cierre: quince minutos de escáner — construcción, infraestructura, movimientos de capital — y después apaga. Lo hace desde que trabajaba en Beltrán y no lo ha roto en semana