Orión
Después de llevar a Octavia a la habitación, me vi consumido por una emoción que creí que nunca iba a sentir. Era una mezcla de éxtasis, amor profundo y una sensación de realización que colmaba cada fibra de mi ser. La realidad de que ella era ahora mi esposa, mi compañera, mi Luna, se asentaba en mi corazón con una intensidad abrumadora.
El deseo hambriento de mi animal interior cobró vida, un impulso primitivo y poderoso que no podía ni quería contener. Con movimientos rápidos y decidid