Octavia
—Nadie más que yo, puede hacerte sentir tan bien, princesa. Debería castigarte por tu insolencia —dijo Orión, entre rabia y deseo.
Lo giré en un movimiento que lo tomó por sorpresa, invirtiendo nuestras posiciones. El contacto de su cuerpo bajo el mío era un elemento de dominación y sumisión en nuestro juego previo. Imité su movimiento, convirtiendo mi mano en garras y arrancando su camisa en pedazos. Tal vez me pasé un poco al arañar su pecho, pero la mezcla de dolor y placer en su e