Durante las comidas, Samia a menudo se perdía en sus pensamientos, llenándose la boca de comida en piloto automático.
Estaba indecisa. Todavía no había decidido cuánto quería invertir en aquella relación.
Quizá había sido la frialdad de su familia de origen la que le había enseñado a mantener las distancias.
Un estilo de apego evitativo.
Miedo a involucrarse demasiado.
Miedo a quedar destrozada cuando las personas se marcharan.
Killian se dio cuenta, extendió la mano y le pellizcó la mejilla.
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