En cuanto Samia comprendió lo que estaba a punto de ocurrir, lo empujó como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Bajó la mirada y fijó los ojos en el suelo.
—¿Cuánto costará reparar todo esto? —preguntó ella, con voz temblorosa.
—Samia… —la voz de Killian fue casi un susurro—. ¿Eso es lo único que le importa tras todo lo que su padre ha dicho?
Estaba furioso. Furioso por esa barrera invisible que ella insistía en levantar entre los dos. Furioso por su indiferencia. Furioso porque no pare