El día del rapto había llegado y no habíamos logrado encontrar el remitente, había pasado las últimas doce horas explotándome la cabeza pensando, pero lo que no había hecho en varias semanas lo lograría hacerlo en apenas unas horas.
—¿Le dolerá? —le pregunté a Meredith y ella negó. Estábamos sentados en las escaleras frente al internado, tan juntos que nuestros brazos se tocaban, podía sentir el calor de su piel sobre la mía y por alguna razón me sentía más cómodo y seguro.
—Con el beso le daré