Capítulo 36

Mario

A veces con una simple caricia sobre mi mejilla me traía la calma que yo necesitaba, pero ahora nada más me queda la soledad que me dejaron sus lágrimas después de haber permitido que se marchara con su hermano.

—¿Estás bien, hijo?

Mi padrastro llega a mí que me encontraba sentado en el jardín.

—No. No estoy bien.

—No te desesperes, todo tiene solución.

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