3 EL GRAN ROBO

Dos semanas pasaron desde esa noche, y su familia no sabía qué hacer.

— Kimberly hace dos semanas que estas encerrada en esta habitación, no puedes castigarnos así. 

— ¿No puedo abuelo? Ellos son los culpables de todo, siempre encima de mí siguiéndome, cada pasó que doy.

Ella no sabía cómo manejar el enojo que sentía, si no la hubieran acostumbrado a ser tan dependiente de ellos, quizás hubiera sabido que hacer cuando Jared la tomó por la fuerza, pero en su lugar ella solo miraba esa puerta creyendo que alguno de sus primos o hermano entrarían a ayudarla, también estaba enojada con ella misma, ya que si no hubiera mentido nada de esto pasaría, y estaba enfadada con su amiga, por la ocurrencia de ir a esa maldita fiesta.

— Sé que estuvimos mal en lo que hicimos, pero... no queremos que nada malo te pase. No podríamos vivir si algo malo te ocurre. 

Kim abrazó a su abuelo como cuando era una niña y las pesadillas la atormentaban. Sus tíos se habían mudado a la mansión desde la noche del incidente, y es que jamás había tenido una rabieta como esa, ella parecía otra persona, la niña dulce juguetona y alegre, ya no estaba, en su lugar una joven mal humorada e incluso violenta había aparecido, los Bach estaban en crisis, su joya se opacaba día a día y ya no sabían que hacer para que brillara como siempre.

Esa noche Kim entró a la mansión, subió corriendo las escaleras y se encerró en su habitación, no le importó quien fuera el que golpeara ella los echaba. 

Al segundo día luego de las amenazas de Sam, abrió la puerta solo para decirle que lo odiaba a él y a sus primos.

— ¡No quiero verlos! ¡Lárgate de aquí!

— Pero que te sucede chocas el auto y...

— No quiero tu maldito auto con GPS, ya no soy una niña, me iré y ¡no volverán a saber de mí NUNCA! — No solo Sam se congeló, sus primos quedaron sin saber qué hacer ante esa amenaza, por lo que sus tíos fueron a la casa, pero por más que le hablaban con miel en su voz, ella seguía enfadada. 

— Esto no tiene sentido, no es la primera vez que le seguimos el paso.

—  ¿A qué te refieres Bastian?

— Que paso algo más, que el hecho que lleguemos al antro. Escucha Sam, Vimos a Doris en el lugar y luego se fue con Kim supuestamente a buscar a Maia, pero nosotros no vimos a ninguna de las dos en el antro.

— Ellas estaban en la mansión… ¿de los Simons?

—Derek le contaste a Maia del GPS, por lo que pudieron orquestar todo para que no estropeemos...

— ¿Qué cosa?

— ¿Una cita? Ella dijo que se iría, que desaparecería.

— ¡Alguien la está engatusando!

—Bien, tendremos que averiguarlo.  — Los hombres estaban dispuestos a descubrir quién llenaba la cabeza de su pequeña  perla con ideas locas, quien era tan osado para desafiarlos, a ellos, los Bach.

*******************

Liam, se despidió de dormir, no solo esa noche, sino que las que le siguieron, la cara pálida de esa joven llorando y él solo dejándola salir sin ofrecer ayuda alguna lo hacía sentir cada día peor, además de las peleas constante que tenía con su hermano, la recuperación lenta de su padre y el tratar de hablar con su hermana.

— Riny, ¿cuánto más piensas seguir así?

— No lo entiendes, ¿alguna vez te enamoraste?

— Riny, el amor no existe, eso solo es una ilusión, lo que existe es la afinidad de estar con otra persona, la... compatibilidad, ¿entiendes?

— No, él que no entiende eres tú, yo... lo amaba, sí que lo amaba, Zack era todo para mí, y Lilian... era mi amiga desde que éramos niñas, Dios hasta la intocable lo sabía y no le creí 

— ¿La intocable?

— Kimberly Bach, nadie se le acerca, solo tres  muchachos tuvieron la valentía de querer algo con ella y sus primos casi los matan del susto, ahora que lo pienso siempre me burle de ella, pero en realidad tiene suerte, si nadie se te acerca no te pueden lastimarte.

— ¿De cuál de todos los Bach es hermana?

— De Sam. — La cabeza de Liam trabajaba a más no poder. Estaba a punto de explotar.

¿Será ella? Es compañera de Riny, tiene sentido todo lo que dijo Jared.

El hombre se dio por vencido con su hermana, hacia 6 meses que no salía de su cuarto, y no pudo evitar pensar si ella estaba así por un hombre, como estará esa joven con lo que su hermano le hizo.

Creo que Jared tiene razón, no ha dicho nada, después de dos semanas la policía no ha venido. O Sam, ¡mierda! SAM.

Liam estuvo 10 años en Europa, pero cuando su hermana menciono a los Bach los recordó de inmediato, él y Sam nunca se llevaron bien, a ambos les gustaba una chica del colegio, y más de una vez trataron de arreglar sus diferencias a los golpes.

También pensó en los documentos que revisó en la empresa, su padre tenía diferentes negocios con cada uno de los tíos de Sam. Debía saber si estaba en lo cierto. Con eso en mente, fue a la mansión de Marcus Bach. Sin saber muy bien a lo que se enfrentaría.

— Kimberly.

— Vete tía, no quiero hablar con nadie, solo el abuelo puede entrar.

— Lo sé cariño y lo respeto... pero debes saber que yo no estaba de acuerdo con que pusieran un GPS en tú auto.

— ¡Vete! — definitivamente ella no quería saber nada ni con su tías.

—... Mira, solo quería avisarte que Liam Simons pregunta por ti.

Kimberly quedó aturdida por unos segundos. Simons el apellido la altero de sobre manera, y luego recordó el nombre o mejor dicho saco conclusiones de quien se podía tratar.

¿Liam? Que mierda quiere, acaso le dirá lo que pasó, no, no.

— Dile que pase.

—  ¡¿Que?! no vas a recibir a un hombre en tu cuarto, ¡quieres que Edmond me mate!

— Tía Denise, ¡él no te hará nada porque es lo que yo estoy pidiendo!

— Está bien pero tú te harás responsable de aplacar la ira de tu tío.

Kim reparó que estaba en pijama, como era su costumbre desde hacía dos semanas y no le importó, no iba a cambiarse porque el hermano de ese idiota estuviera por entrar en su cuarto, su santuario, el único lugar donde ella hacia lo que quería.

— Entra, entra, ella no nos quiere ver, pero acepto verte a ti. – Dennis se apresuró a empujar al joven alto y musculoso a dentro de la habitación.

— Bien gracias. 

El hombre a pesar de ser muy alto y bastante musculoso se movía de una forma insegura, y es que así era Liam, un gigante bueno, compasivo, que no creía en el amor, pero no iba por la vida molestando a nadie, tenía sus propias metas y cosas más importantes como para perder el tiempo en cosas que según él solo retrasaría el cumplir sus metas.

— Hola, Kimberly. — basto solo con ver la cara cenicienta de la joven para saber que era ella.

— ¿Qué quieres?

— Creo que sabes a que vine.

— No, no lo sé, pero te doy un consejo, aléjate de la puerta te puedo asegurar ¡que alguien está escuchado! — Y mientras lo decía, se levantó de su cama y abrió la puerta, donde su tía Denise estaba con la oreja pegada.

—  ¡Kim! Yo puedo explicarte. — la joven tía de Kim estaba completamente roja al verse descubierta.

— ¡No sabes cuánto los odio! — Y acto seguido azoto la puerta en la cara de la mujer, que la miraba con lágrimas en los ojos.

Tomo con enfado el brazo de Liam, quien la miraba en shock, y lo hizo sentar en su cama, a su lado.

— ¿Qué carajos quieres? ¿Acaso el hijo de puta de tú hermano te envió? Dile que no tiene nada que temer, yo no diré nada, si ellos se enteran son capases:

1) De matarlo, cosa que no me molestaría a no ser el hecho de que en el juicio todos se enteraran que fui tan estúpida...— las lágrimas casi salían de sus ojos celestes.

2) Obligarme a casarme con él, algo que provocaría que me matara antes de aceptar.

3) Encerrarme de por vida en una estúpida caja de cristal y seguirme ahogando como lo hacen ahora, cumpliendo las expectativas de todos solo porque soy la única mujer de la familia...

Y la joven rompió a llorar, ella podía tener todo, todo en la vida, menos libertad. Esa imagen a Liam lo conmovió, él se había preparado esperando esa reacción de su hermana, por su depresión, pero nunca pasó, y ahora la tenía a ella, una joven que recién comenzaba a ser mujer, confundida y dolida, pero sobre todo enfadada con todo el mundo, lo que provocó que la abrazara.

— Cálmate, no diré nada, aunque creo que lo mejor sería que lo denuncien, es a eso a lo que vine, a ofrecerte todo el apoyo que este a mi alcance...

— No quiero que me miren con lástima, yo provoque esto, y ellos, mi familia por no dejarme ser libre... solo quería salir un rato... solo quería ser normal sin que me diga que hacer...

— Tranquila, puedo ayudarte, deberías ir a algún psicólogo, esto…

— No, jamás le diré a nadie, puedes estar tranquilo, todo el mundo sabe cómo es Jared, no le daría esa vergüenza a mi familia, es solo que... — Al ver que la joven bajó su cabeza con vergüenza, él entendí lo que quería decir. 

— Lo sé, lamento tanto que tu primera vez fuera así.

—  ¡¿Qué mierda dijiste?!

En ese momento la puerta estaba abierta y un Sam sumamente furioso estaba parado allí, atrás de él su abuelo miraba con diversión y su tía Denise tapaba su boca con ambas manos, todos mirando a Kimberly quien en ese momento estaba en los brazos musculosos de Liam, llorando y en pijamas.

— ¡Que hacen aquí! ¡No pueden pasar!

— Y una mierda Kim, escuché lo que dijiste ¡te mataré Liam! — Liam se levantó con las manos extendida a modo de rendición antes que empezara la pelea, mientras Sam se abalanzó sobre él. 

Lo que ninguno de los dos esperaba es que la joven se interpusiera entre ellos.

— ¡Basta Sam, ¡¿qué quieres hacer?!

— ¡¿Cómo pudiste dormir con este tipejo?!

Eso era lo único que Liam no toleraba y lo hacía explotar el hecho que lo menos preciaran, él era un hombre inteligente, sabía que tenía un gran futuro como empresario, no quería que lo reconocieran por ser el hijo de... él sabía que algún día su propio nombre sería de importancia sin importar su apellido.

— ¿Tipejo? Así y como me vez tu hermana se enamoró de mí. — Kimberly se giró en seco a mirarlo, como si de un extraterrestre se tratara.

¡¿Que?! Este hombre se volvió loco.

— ¡¿Estás loco?! ¡¿Quieres que mi hermano te mate?!

— ¿No estás cansada de que te maneje, que controle todo lo que haces? Pues dile la verdad, eres una mujer y no puede decidir sobre ti nunca más.

— ¡Tú eres el hijo de puta que le está llenando la cabeza a mi hermanita!

— ¡Si lo tocas no te lo perdonaré! — Kimberly seguía en medio de los dos evitando que se golpearan.

— ¡Basta!, esto lo hablaremos en la cena. — la voz de Marcus sonó con autoridad.

— ¿De qué hablas abuelo? – pregunto con miedo la joven.

— Si el señor Simons es el hombre que creó que es, responderá por lo que hizo.

— ¿Responder?

— Ya hablé Kim, que preparen la cena y llama a los muchachos Denise, quiero a toda la familia en la mesa. Sam vamos, dejemos a los tortolitos solos, no harán nada que no hayan hecho.

La cara de Kimberly estaba roja, y la de Liam completamente blanca, pálida como un muerto que no sabe que lo está.

— ¿Qué mierda hiciste? — Dijo ella mientras se metía en la cama, como una niña enojada y caprichosa, tapándose la cabeza con la manta.

— No lo sé, siempre me pasa cuando me menosprecian, digo cosas que me meten en problemas. — Liam estaba tomando conciencia de lo que su temperamento provoco.

— ¿Ha si? Hello ¡te acabas de meter en uno gigante!, mejor dicho NOS acabas de meter en uno gigante. — Kim saltó de la cama y fue al vestidor, donde se veía prendas de diseñador en todas partes, aunque ella solo tomó unos pantalones de mezclilla rotos y una remera de franela.

— Qué crees que piense tu abuelo con lo de responder. 

— No creo que se refiera a una indemnización económica, de eso estoy segura. — Cerró la puerta del vestidor y comenzó a cambiarse. 

— ¿Crees que, querrá que seamos novios?— la ansiedad comenzaba a crecer en este gigante de corazón blando.

— Dios, escucharon diciéndote eso... ¡NO! Me van a querer casar, dios mío no, vete, ¿no que vives en otro país? Toma el primer vuelo y...— Kimberly temblaba de los nervios del momento.

Cuando la joven abrió de golpe la puerta se encontró con los ojos azules de Liam clavados en ella.

— No quedaré como un poco hombre delante de Sam.

— ¡Qué importa lo que piensa Sam! — ella podría jurar que en cualquier momento lo golpearía.

— A ti te importa.

— Porque me manda como que soy una niña, y no lo soy, tengo sueños no quiero ir a la universidad, por lo menos no este año, no quiero estudiar algo que No me guste... quiero vivir, solo eso. — una lágrima traicionera salió sin permiso de sus ojos y ella la quito de un manotazo.

— ¿Acaso no vives bien aquí? - Dijo el hombre mientras comenzaba a ver las dimensiones de ese cuarto, decorado con piezas egipcias, que él estaba seguro que eran importadas, al igual que la ropa que se veía en el vestidor de la joven, si bien ellos tenían dinero, los Bach eran multimillonarios, jamás podrían ostentar tanto dinero como ellos.

— Nunca me ha faltado nada, tengo más de lo que quiero.

— ¿Entonces?

— No tengo padre, ¿entiendes? quiero un hermano, no un guarda espalda, o un maestro, quiero equivocarme y volver a intentarlo, sin que me traten como una pobre huérfana, no quiero que ellos lo solucionen todo por mí, quiero ser útil no un adorno o una joya intocable. — Kimberly tenía sus manos en puño, y Liam recordó lo que su hermana le había contado y entendió a qué se refería. La joya de la familia Bach, alguien intocable e inalcanzable.

— Entonces, cásate conmigo.

— ¡¿Que?! Acaso estás loco. — Kim lo miraba de arriba abajo, buscando donde radicaba el defecto de este hombre.

Quizás sufre de algún problema mental, si debe ser eso.

— No soy un cobarde, mi reputación es lo más importante para mí, y tú quieres ser libre, yo no te vigilare ni nada, y al cabo de un años, nos divorciamos, a ti no te podrán volver a tratar como una niña y yo seguiré mi camino, así podré reparar un poco lo que hizo Jared, puedo estudiar Psicología y ayudarte si así lo deseas.

— Eres raro.... ¿mejor dime cual es tú camino?

— Europa, tengo mi vida allí, solo estoy aquí para ayudar a mi padre y tratar de que mis hermanos sean personas de bien.

— Creo que con eso te deberías dar por vencido, uno es un perro que no vale nada y la otra una loca que prefiere golpear a las personas que le dicen la verdad.

— Tú sabías que Zack la engañaba. — recordó el hombre.

— Sí y cuando le dije me abofeteó.

— Te pido disculpas en nombre de ella. — Kimberly comenzó a reír con sarcasmo.

— ¿Qué te resulta gracioso? 

— Así no ayudas a tus hermanos, ¿sabes porque no le conté a nadie que Riny me golpeó?

— No.

— Porque mis tías la hubieran golpeado en especial Denise. — si las damas que tenían de esposas sus tíos eran muy peculiares, y llegado el caso se les quitaba lo de ser damas y sacaban las garras. 

— ¿Y eso no te hubiera gustado?

— Me habría encantado, pero con esa bofetada aprendí a lo que se refiere el dicho no hay peor ciego que el que no quiere ver, ¿ella vive en una gran depresión verdad? ¿Hace cuánto? Medio año, a mí su bofetada me molestó un segundo y al otro día no la recordaba.

— Eres muy tenaz, no entiendo porque te sobre protegen. 

— Eres el primero que lo dice, incluso mis amigas creen que ellos lo hacen por mi bien.

— Bien, entonces que dices, ¿te ayudo a ser libre?

— Y ¿tú que ganas?

— Dormir tranquilo, ya que no quieres denunciar a mi hermano. 

— No sabes dónde te estás metiendo. — ella le estaba advirtiendo, pero Liam no daría ni un paso atrás.

La puerta sonó y su tía Alissa entró mirando con recelo.

— Los estamos esperando en el salón, pronto estará la cena.

— Gracias tía, ahora vamos. — La mujer le dedica una última mirada hostil a Liam y salió. 

— Eso no es nada, ella es la más buena. Son todos locos. — Le dijo en voz baja la joven mientras le hacía señas con las manos y Liam rio ante esos gestos.

— ¡Dios, sabes reír! 

— Vamos Kimberly, esto será interesante. 

— Kim, si somos novios debes llamarme Kim.

— Bien Kim, vamos.

Liam era muy valiente, de eso no le quedaba dudas, la tomo de la mano y fueron al salón, donde cada uno de sus tíos estaba con su familia al lado, todos mirándolos cuando aparecieron en la sima de las escaleras. La única cara amigable era la de su abuelo.

— Parecen una secta o asesinos en serie. — Le dijo en voz baja la joven y Liam no pudo evitar sonreír, ante las ocurrencias de su supuesta novia.

— No esperaría menos, teniendo en cuenta que estoy a punto de realizar el robo del siglo. — contesto con toda seriedad entre susurros.

— ¿He?

— Me robare a la joya de esta familia.

— Si sales vivo.

— Que tanto chuchiquean ustedes dos.

— Nada abuelo, solo le decía a Liam que no importa lo que digan esta noche, no me arrepiento de nada. — Kimberly bajo con ganas de dar pelea y es que mientras estuvo hablando con Liam, ella pudo ver como sus primos intercambiaron miradas, esto no iba a ser fácil, los conocía.

— Bien Kimberly, ya que estás tan segura de todo, presenta a tu novio con tu familia. – dijo el mayor.

— Él....ya los conoce.

— No a todos Kim, por favor, hazme sentir orgulloso. — Eso era todo lo que necesitaba escuchar, sabía que esa era la forma en la que su abuelo le hacía sentir confianza en ella misma.

— Bien, Liam Simons, te presento a mi querida familia, mi tío Cameron es el mayor, su esposa Alissa, sus hijos Conall, Archie y Bastian. — Cameron lo saludó cordialmente y es que hacía una semana tuvieron una reunión y le pareció un hombre culto e inteligente, Alissa lo siguió examinando con la mirada, mientras que Bastian lo miraba con aprobación, no así sus hermanos mayores.

— Después sigue el tío Edmond su esposa Denise, sus hijos Derek y Dylan. — Edmond mantenía su cara de jugador de póker profesional, su esposa se sonrojo al recordad lo que había escuchado, y es que ella creía que la joven había sido interrumpida esa noche por sus primos.

Una noche tan mágica y no la pudo disfrutar, con razón estaba tan enojada.

Mientras que sus primos lo miraban de mal modo y es que Derek le tenía rencor por una chica del colegio igual que Sam y Dylan conocía a Jared, por lo que pensó que su hermano sería igual.

— Después está el tío Steven, su esposa Rebecca y sus hijos Thomas y Vincent. — A Kim le llamó la atención de que Thomas le sonreirá y le diera un guiño de ojo, pero entendió de inmediato cuando sus tíos lo saludaron que lo conocían desde chico.

— Mira cómo has crecido. — dijo Rebecca.

— Las vueltas que da la vida son sorprendentes. — secundo su tío Steven.

Liam reparó que había un espacio vacío, era como un hueco en el espacio y luego estaba Sam y a su lado Marcus. Gracias a que estaba atento a Kimberly se dio cuenta del cuadro en la pared.

— Ellos... — La joven se aclaró la voz que por un minuto se le quebró y en el cual todos hicieron el amague de ir con ella, pero Marcus levantó su mano y les indicó que se quedaran en su lugar.

— Ellos son mis padres, él... era el menor, Dexter y mi madre Amelia. — Ella se giró para seguir con la presentación de etiqueta, y Liam vio una lágrima en su rostro, como algo completamente natural él la recogió con su pulgar y coloco un beso en la coronilla de Kim, quien lo miro y se sonrojo ya que toda su familia estaba observando en silencio, pero Liam solo le sonrió y apretó el agarre de su mano, para que prosiguiera.

— A mi hermano Sam ya lo conoces, y él es mi abuelo, el señor Marcus Bach el dueño de mi corazón. 

— Hasta hoy pequeña princesa, creo que ya hay alguien más en tu corazón. 

— Por favor abuelo, de su corazón a su cama hay mucha diferencia.

Antes que su abuelo pueda decir algo, Liam le dio un golpe de puño, no era una persona violenta, y en el colegio era común que lo golpearan, ya que por su apariencia tenía a un gran grupo de mujeres de tras de él, sin embargo nunca se defendía, solo con Sam lo hacía, ya que los dos peleaban por una chica que al final no se quedó con ninguno de los dos, pero cuando escucho tal cosa, su mano simplemente se levantó y lo golpeó. 

Idiota, si supieras realmente lo que pasó con ella.

Kimberly lo miraba con los ojos como platos, mientras que Edmond dio un paso adelante, con una cara llena de ira.

— ¡No te atrevas a faltarle el respeto a tu hermana jamás! — Edmond de todos era el que más se desvivía por Kimberly, su hermano le dio el honor de ser su padrino, y la defendería de quien sea, incluso de su propia sangre.

— Perdón Kim, no sé porque dije eso. — Lo que Sam no podía admitir era lo mucho que le molestaba ver como su abuelo la estaba entregando a ese hombre 10 años mayor que ella. Ella era su pequeña hermana, su única familia, su todo.

Kim sabía que él decía la verdad, Sam la quería por sobre cualquier cosa. Pero aun así se sentía mal.

— Creo... que mejor me voy a mi cuarto. — quiso volver a su refugio donde era libre de cualquier acusación o presión. Pero Liam la tomo de la mano, obligándola a quedarse.

— Me casare con Kimberly, y no les estoy pidiendo permiso, solo les estoy avisando.

Y eso fue lo que bastó para que la mansión de los Bach se convirtiera en un campo de guerra, que en menos de un segundo se dividió en dos bandos.

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