Capítulo 40. La estrategia del enemigo.
Samantha entró en la oficina para poder serenar en soledad la rabia y la indignación que la corroía. Robert fue tras ella, en silencio, y cerró la puerta tras de sí para que nadie más los molestara.
—Lo viste cuando entró, ¿cierto? —preguntó ella y lo señaló con un dedo—. Lo viste pero igual lo dejaste entrar. ¡¿Por qué?! —preguntó algo alterada.
Él se guardó las manos dentro de los bolsillos del pantalón y mantuvo una postura relajada, no quería que lo viera desafiante. De esa forma pretendía