Capítulo 37. Hechizo mágico.
Como lo había prometido, Samantha llegó esa noche temprano a casa. Robert aún no había regresado del trabajo.
Se dio un baño con agua caliente y se acostó en la cama, aunque le resultó imposible conciliar el sueño. No dejaba de pensar en el hecho de que alguien había pagado para que la asesinaran.
¿Cómo era posible que alguien invirtiera dinero y esfuerzo para acabar con su vida? Ella no era nadie, no tenía nada, no representaba un peligro para ninguna de las personas que la rodeaban. Entonces,