El intercambio de los anillos fue el preludio de mi ejecución pública. Estaba allí, rodeada de cascadas de orquídeas blancas que me recordaban a los funerales de lujo, tratando de que mi cerebro no se apagara ante la imagen de hombre perfecto de Cristian. Sabía mejor que nadie lo falso que era; ese traje impecable y su mirada de devoción eran solo el envoltorio de una trampa de seda.
Entonces, el sacerdote soltó la bomba: era el momento de los votos.
Me quedé helada. ¿Votos? ¿En qué momento alg