Subí las escaleras de la mansión con las piernas temblorosas, furiosa conmigo misma por haber permitido que Cristian me tocara de esa manera y, peor aún, por el maldito escalofrío que me había recorrido el cuerpo cuando me tuvo contra su pecho. Entré a la habitación principal y me encontré con mis cosas perfectamente ordenadas en el enorme clóset, mezcladas con sus trajes y camisas, como si nada hubiera pasado.
—No vas a ganar esto, Cristian —susurré para mí misma, tocándome los labios que aún