El murmullo de la alta sociedad se transformó en un zumbido de avispas a mi alrededor. Sentada sobre el mármol frío, con los flashes de los reporteros rebotando en las paredes de espejo y la sangre tiñendo el champán derramado, me sentí más expuesta que nunca. Las palmas de mis manos ardían por los fragmentos de vidrio incrustados.
De repente, el mar de invitados se abrió con violencia. Dos figuras rompieron el cerco al mismo tiempo, movidas por la urgencia. Cristian llegó primero, con el rostr