El gran salón del hotel de lujo resplandecía bajo la luz de colosales lámparas de cristal de Bohemia, reflejándose en el suelo de mármol pulido como un espejo de opulencia. El aire estaba impregnado del aroma a champán caro, perfumes de diseñador y el murmullo de cientos de socialités, políticos y magnates de las finanzas que habían asistido a la gala de presentación oficial. Era el escenario perfecto para una farsa de alta gama.
Cristian me sostenía por la cintura con una firmeza posesiva que,