Estaba terminando el desayuno cuando escuché la puerta de mi departamento, esperé un segundo antes de volver a escucharla e ir a abrir, nadie venia de visita así que tenía que ser alguien de aquí mismo y no me equivoque cuando abrí la puerta, miré a Gabriela.
–Gabriela.
–Buenos días, señorita Irina –extendió el plato que tenía frente a ella –. Le he preparado lasaña, espero que le guste.
–Muchas gracias.
–Y también quería disculparme con usted –continuó –. El señor Lynch me contó que tuvo algun